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lunes, 23 de marzo de 2020

Irremediablemente al precipicio


Desde el Café
Bernardo Gutiérrez Parra
Pase lo que pase en México con el Covid-19, la crisis financiera ya estalló y afectará al 15 por ciento de la economía nacional. En buen castellano esto quiere decir que el 15 por ciento de los mexicanos que hoy tienen trabajo lo van a perder y no hay reversa.
De que el Covid-19 tiene que ver con este desplome eso que ni qué, pero antes del coronavirus el gobierno de México había sido advertido sobre la desaceleración y la crisis financiera por venir y no hizo caso.
López Obrador despreció los avisos de las calificadoras que una y otra vez le hicieron ver lo errado de su política económica y en una ocasión les contestó con algo que ni al caso: “¿Dónde estaban cuando los corruptos saquearon al país?” Pues estaban en lo suyo, calificando las finanzas de cada nación porque esa es su chamba.
El resultado es que la crisis que previeron para el tercer trimestre de este año se adelantó para el segundo trimestre. Pero ni así le baja el Presidente a su inverosímil optimismo.
El 2 de marzo, cuando las bolsas del mundo comenzaron a desbarrancarse dijo: “Yo estoy seguro que esto se va a normalizar, se va a estabilizar, es un asunto mundial pero cada vez van a estar más tranquilos los mercados, ese es mi pronóstico. Siento que no vamos a tener problemas mayores. Los conservadores quisieran que nos fuera mal y que vamos a tener una crisis económica financiera, yo digo no”.
Si fuera stockbroker, es decir, Corredor de Bolsa, en estos momentos estaría de patitas en la calle por inepto. Los mercados no sólo no se han estabilizado, sino que no saben qué hacer con la hormona cambiaria cuyo PH lo mismo pega saltos hacia arriba que hacia abajo.
Diez días después aseguró: “Nuestra economía está fuerte, tenemos finanzas públicas sanas, tenemos reservas suficientes para enfrentar cualquier crisis que se pudiese presentar”.
Si esto lo hubiera dicho en tiempos de Echeverría cuando las finanzas se manejaban desde Los Pinos y no había ni con mucho la información que tenemos ahora, quizá le creeríamos, pero es hasta criminal que López Obrador mienta de esa manera.
¿Cómo puede decir semejante falacia cuando el año anterior los ingresos de Pemex cayeron un 20 por ciento en relación al 2018 y los costos aumentaron un 30 por ciento?
Con todo lo ladrones que fueron en el sexenio pasado, el gobierno de Enrique Peña Nieto dejó un Fondo de Estabilización Presupuestaria por 300 mil millones de pesos para emergencias como el coronavirus o catástrofes naturales. Pero AMLO dispuso de la mitad para inyectarlo a Pemex. ¿Qué va a pasar si a la par del Covid-19 se suelta un terremoto?
Lo que se necesita con urgencia (aunque no hubiera coronavirus) es un paquete de estímulos fiscales y programas atractivos para que las empresas nacionales y extranjeras inviertan en México. Pero uta no, eso ni pensarlo. Nada para los que ayudaron a saquear a la nación; nada para los ladrones de cuello blanco.
El Presidente tiene clavada la idea sesentera de que los empresarios son unos capitalistas sátrapas y explotadores de los trabajadores. Si bien es cierto que no son unas hermanitas de la caridad, están muy lejos de ser los déspotas de fines del siglo XIX y le guste o no le guste son quienes generan empleos.
Pero no los puede ver. Un ejemplo es que mediante una amañada “Consulta Popular” realizada entre sábado y domingo, la empresa Constellation Brands (fabricante de las cervezas Corona y Modelo entre otras) está a punto de irse de Mexicali y con ella se irá una inversión de 1,500 millones de dólares necesarísimos en estos momentos.
¿Por qué se va la empresa? Porque un grupo de personas pagadas por alguien corrió la voz de que Constellation Brands “acabaría” con el agua de los mexicalenses.
Un buen estadista les habría hecho ver con pruebas documentales que eso no es cierto, porque en efecto no lo es y santo remedio. Pero AMLO no es un estadista.
En ese sentido lo que tenemos es un luchador social que a base de riñones y enjundia llegó a la Presidencia de México, tiene escaso nivel intelectual, es terco como las mulas, no oye más opinión que la suya, le está pegando en la madre a la economía nacional, está rodeado de lambiscones ignorantes y odia a los empresarios.
Primero fueron 200 mil millones de pesos del Aeropuerto de Texcoco los que se fueron a la basura; ahora 1,500 millones de dólares de una cervecera en Mexicali. ¿Qué sigue?
En meses la economía se va a colapsar porque el país ya entró en recesión, pero AMLO no quiere verlo así.
Y esa ceguera nos llevará irremediablemente al precipicio.