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lunes, 14 de diciembre de 2020

46


46 años pueden ser y son toda una vida,

46 años también pueden ser un suspiro, vistos en lontananza.

Les caben 552 meses o 1,104 quincenas que ha habido que pagar, aunque las cuentas no salieran, porque las familias de los empleados nunca dejaron de recibir el pan y la sal desde la empresa que los cobijó por tantos años.

Y también (considerados los años bisiestos) implican 16,801 días en los que se tuvo que obtener la información exclusiva, la nota vendedora, el ingenio para mantener el interés de cientos de miles de jarochos que en tanos años hicieron de Notiver el periódico más cercano a su corazón, a su creencia, a su estilo.

Porque don Alfonso Salces Hernández, nuestro respetado Director, es además de un periodista excepcional, un descubridor nato. Y por eso, creo yo, supo dar con el hilo de un diario que contestaba las preguntas que se hacía la gente del Puerto, y además lo hacía con sus mismas palabras. Tal vez parezca gratuito decir que descubrió la fuerza de la vena humorística que impulsa todas las cosas en Veracruz, pero lo hizo para el periodismo, y se tomó el chiste muy en serio.

Dejen, les cuento: el nacimiento de Notiver allá casi a mediados de los años 70 -con Luis Echeverría como Presidente de la República y Rafael Hernández Ochoa como un flamante Gobernador con apenas 12 días de disfrute del puesto- parecía un sueño imposible echado a andar por un pequeño grupo de soñadores que tenían más imaginación que recursos, más entusiasmo que experiencia, más talento que conocimiento.

Pero tenían un proyecto y una cabeza que los conducía. Y la cabeza alojaba una mente clara e incisiva, que supo leer las necesidades del público y armó un periódico a la medida, como deberían ser todos.

Don Alfonso empezó desde entonces su cruzada, una lucha que exige no mucho, sino todo. Un oficio al que se le tiene que dedicar la vida entera, sacrificando a la familia (saludos, doña Charito, sólo usted sabe cuánto), hasta que se convierte en profesión, y entonces exige más.

Es cuando el periodista, el verdadero, se da cuenta de que el tiempo y sus mudanzas son una ilusión que se va entre las manos como arena del desierto. Y entre las ocho columnas de hoy y la exclusiva de mañana los hijos van creciendo, cerca pero alejados por horarios que no son de gente sino de quienes se convierten en reos de la comunicación, en esclavos de su necesidad de informar, de cumplir el deber cívico más importante para la sociedad, hecho desde la privacidad de una empresa propia que muchos creen que se puede comprar en muchos sentidos.

Y parece mentira, pero para sobrevivir, un periódico como Notiver solamente tiene su credibilidad como arma contra las infamias del poder, o de los poderosos.

Por eso le auguramos muchos años a nuestro querido diario. La cincuentena está a un paso ya, aunque estos cuatro años hacia adelante puedan ser los más difíciles de su existencia.

La diferencia es que Notiver tiene un líder... y qué líder.


sglevet@gmail.com