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miércoles, 17 de febrero de 2021

Miércoles de ceniza, si no puedo usted asistir a la casa de dios, llévese su Ceniza y en el hogar se la pone usted y su familia

 

Hoy comenzamos la cuaresma, un periodo para detenernos y revisar cómo estamos y cómo vivimos, tiempo para renovarse y cambiar dejando atrás el mal que nos destruye. Hoy se nos invita al Ayuno y abstinencia para buscar la conversión.

Francisco Ontiveros Gutiérrez 

Actos de penitencia

Es por excelencia durante la cuaresma cuando más nos insertamos en una gran cantidad de prácticas penitenciales. Actos pequeños, muy sencillos y discretos con los que queremos poner al descubierto el deseo firme que tenemos por vivir desde otra dinámica. En una perspectiva del desapego. Quitándonos nosotros del centro y la sola satisfacción de nuestros deseos, para que, mediante las prácticas de la cuaresma quede en evidencia nuestra verdadera conversión al Señor. Son modos -no los únicos- en los que nos esforzamos con verdadero impulso con tal de vencer el espíritu del mal que nos engaña y confunde.

El ayuno

La práctica del ayuno está presente en la escritura, como una forma de penitencia muy querida en el mundo del antiguo testamento, como en el nuevo. Nos encontramos que Jesús ayuna desde el inicio de su ministerio (cfr. Lc 4,2), incluso en su predicación insiste en el ayuno, sin que lo vea la gente y como una verdadera fiesta (cfr. Mt 6,16-18) y como forma de liberación de ciertos espíritus inmundos (cfr. Mc 9,29). El ayuno, como el resto de las obras penitenciales expresan la conversión con relación a sí mismo, con relación a Dios y a los demás, puesto que la conversión solo surte efecto en la relación. De poco sirven las prácticas penitenciales en el intimismo engañoso, fuera del trato a los demás.

La abstinencia

El cuarto mandamiento de la santa Madre Iglesia invita a abstenerse de carne y ayunar en los días establecidos por la Iglesia. Con esto pretende asegurar los tiempos de ascesis y de penitencia que nos preparan para las fiestas litúrgicas y para adquirir el dominio sobre nuestros instintos y la libertad del corazón (cfr. CatIC 2043). No se trata de abstenerse por el frívolo cumplimiento de una norma, sino más bien quiere expresar el deseo que tenemos de caminar por las sendas de la liberalidad.

El ayuno y abstinencia que agrada al Señor

La penitencia interior del cristiano puede tener muy variadas expresiones, en cada uno se expresa con formas distintas. Si bien es cierto que, en el ayuno, la caridad y la oración se expresa la conversión en todas sus relaciones: con Dios, con los demás y consigo mismo, también es cierto que la conversión se realiza en la vida cotidiana mediante gestos de reconciliación, la atención a los pobres, el ejercicio y la defensa de la justicia y del derecho. A través del reconocimiento de las propias faltas cometidas a los hermanos, la corrección fraterna, la revisión de la vida, el examen de conciencia, la dirección espiritual, la aceptación de los sufrimientos, tal como el padecimiento de la persecución por causa de la justicia. En síntesis, tomar la cruz de cada día y seguir a Jesús es el camino más seguro de la penitencia (cfr. CatIC 1435).

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